Convocatoria para formar parte del bloque antifascista e internacionalista en la manifestación en memoria de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

Hace poco más de cien años terminó la Primera Guerra Mundial. Casi al mismo tiempo, con la llamada “gripe española”, se desataba una pandemia mundial que cobró hasta cincuenta millones de vidas. Mientras la miseria causada por guerra y pandemia se propagaba por toda Europa -la cual afectó por sobre todo a las clases proletarias-, caían también en una profunda crisis algunas de las grandes potencias imperialistas de entonces: el Imperio ruso de los Zares se desintegró ya en 1917 como resultado de la Revolución de Febrero y el Imperio Alemán sucumbió en el fuego de la Revolución de Noviembre de 1918, al igual que el Imperio de los Habsburgo en ese mismo año. Incluso una potencia victoriosa como Italia se sumió en una profunda crisis política y económica. En todos los casos la respuesta de los movimientos proletarios a la crisis fue la revolución.

En los puertos de Petrogrado y Kiel, en los barrios obreros de Berlín y Viena, en las fábricas de Turín y de la región alemana del Ruhr o en los campos de Hungría y Ucrania, en todas partes ondeaban las banderas rojas y negras del movimiento obrero. En Baviera y Hungría se proclamaron repúblicas de los consejos de lxs trabajadorxs y en muchos otros lugares se dieron levantamientos armados por parte del proletariado en esos años posteriores a la guerra. Todos estos intentos por escapar de la miseria capitalista y crear una sociedad libre y solidaria fueron a la final aplastados de forma sangrienta por las clases dominantes. ¡Y sin embargo éstos nos recuerdan que la respuesta a la crisis que conlleva la dominación sólo puede ser la resistencia de lxs explotadxs y oprimidxs!

Hoy en día, con el Covid-19, una pandemia mundial vuelve a hacer estragos y a exacerbar aún más las crisis del capitalismo. Al igual que hace cien años esta crisis, que cada día se profundiza, afecta ante todo tanto a los sectores trabajadores como a los más precarios de la población. Incluso ante esta crisis sanitaria y la consiguiente crisis social y económica, no hay igualdad en la sociedad capitalista. Son ante todo lxs pobres quienes mueren a causa del virus debido a las condiciones de hacinamiento en las viviendas y a la falta de atención sanitaria en todo el mundo. Son ante todo lxs proletarixs quienes pierden sus empleos o se ven forzadxs, pese a los riesgos para con su propia salud, a seguir girando las ruedas de la economía capitalista.

La crisis no es producto del virus, es sólo otra gota más en la copa que se rebosa. Como es sabido, el capitalismo produce crisis cíclicas y las clases dominantes buscan una y otra vez cobrarle las consecuencias de éstas a lxs ya de por sí más explotadxs y oprimidxs. Si bien la producción debe continuar para no paralizar por completo la rueda del hámster del capitalismo, es al proletariado al que se castiga con trabajo a jornadas reducidas, recortes salariales y despidos. Esto afecta igual a la industria como al campo de la salud o al sector social, pero no sólo desde la llegada del virus: una nueva crisis capitalista mundial se dibujaba ya en el horizonte desde hacía tiempo y como en todas las anteriores son sobre todo las clases trabajadoras las que tendrán que pagar la factura.

A esto hay que añadir un recrudecimiento en las tendencias abiertamente reaccionarias del dominio capitalista. En el curso de la crisis actual, también en Alemania están siendo restringidos derechos democráticos básicos como el derecho a la protesta, mientras las atribuciones en el accionar de la policía vienen siendo ampliadas. Y si bien algunas de las restricciones para contrarrestar la pandemia parecen razonables a primera vista, éstas muestran lo rápido que las clases dominantes están dispuestas a tirar por la borda derechos democráticos conquistados.
Por si no fuera poco, se ha intensificado la represión en contra de estructuras de izquierda. Esto se ha podido apreciar de manera palpable en el asedio padecido por la organización Roter Aufbau de la ciudad de Hamburgo, al igual que otras tantas estructuras, por parte del estado alemán amparado en el párrafo 129.

Los juicios masivos en contra de ochenta acusadxs por parte de la justicia de Hamburgo -gobernada en la actualidad por una coalición de socialdemócratas y verdes- tres años después de las protestas en contra de la cumbre del G20, son prueba fehaciente de una nueva dimensión en la represión y persecución estatal. Aquí había que dejar un precedente y así se hizo con el brutal ataque policial que dejó como resultado numerosxs participantes heridxs de gravedad, que se habían puesto en marcha para participar en las protestas. De hecho las víctimas han sido estilizadas como victimarixs.

La situación en las prisiones también ha empeorado como resultado de la crisis actual, lo que se ha visto, por ejemplo, en la ola de revueltas y levantamientos en las prisiones italianas. Así mismo, junto a la población carcelaria encontramos a lxs refugiadxs o desplazadxs en el fondo de la cadena alimenticia capitalista. Las condiciones inhumanas que padecen las personas refugiadas en los campamentos de las fronteras exteriores de la “Fortaleza Europa”, por ejemplo en las islas griegas del Mar Egeo, han empeorado de forma considerable en los últimos meses. El incendio del campamento de Moria en la isla de Lesbos es también una consecuencia directa de una política de las clases dominantes -en este caso la Unión Europea bajo dirección alemana- que trata de defender el dominio del capital con todas sus fuerzas a espaldas de lxs explotadxs y oprimidxs.

Además del aumento de la represión por parte de las clases dominantes a raíz de la crisis, las fuerzas fascistas también levantan de nuevo la cabeza. Las milicias fascistas en los Estados Unidos actúan armadas junto con los órganos represivos oficiales del Estado en contra de los levantamientos que se expanden por todo el país. Entre tanto en Alemania las fuerzas fascistas hacen parte activa de las protestas que niegan la pandemia, que por lo demás están dominadas por ideólogxs conspirativxs, activistas antivacunas, hippies esotéricxs y pequeñxs burgueses amenazadxs por el declive social.

Pero la renovada crisis del capitalismo y las reaccionarias estrategias de gestión de crisis de las clases dominantes no quedan sin respuesta por parte de lxs explotadxs y oprimidxs: así lo demuestran los levantamientos en los Estados Unidos tras el asesinato del afroamericano George Floyd por parte de la policía y el precipitado empeoramiento de las condiciones de vida de las clases proletarias a raíz de la crisis, en especial de afroamericanxs, latinxs y otras comunidades no blancas. La resistencia de la población brasileña contra el fascista Bolsonaro o las crecientes protestas contra los gobiernos corruptos de oligarcas en los países postsocialistas de Europa oriental y los Balcanes también dan testimonio de ello. O la resistencia de lxs habitantes de los barrios proletarios de Madrid contra los renovados toques de queda (que no se aplican en los barrios burgueses de la capital del estado español) y los espontáneos disturbios juveniles en las ciudades alemanas de Stuttgart, Fráncfort y Leipzig que son una expresión de ira frente al acoso de los controles policiales. En Grecia miles de personas se manifestaron el 17 de noviembre, aniversario de la revuelta estudiantil de 1973 en Atenas contra la dictadura militar, a pesar de la restricción para ello y de la brutal represión policial con las consiguientes detenciones masivas. Trasgredir la prohibición a manifestarse se convirtió en una protesta de carácter nacional en contra del retroceso neoliberal de la derecha, de nuevo en el gobierno, y del fortalecimiento del autoritarismo.

También en América Latina las crisis sociales se ven exacerbadas por la pandemia. Los Estados son incapaces y tampoco están dispuestos a afrontar la pandemia sobre la base de criterios sociales ni a situar la vida y el bienestar de la población en el centro de las decisiones políticas. Un ejemplo de ello es el Estado autoritario y neoliberal de Colombia, donde las protestas han sido reprimidas con violencia y represión policial durante décadas. Desde el inicio del confinamiento ha aumentado el asesinato de activistas, quienes se han convertido en blanco fácil para lxs actorxs armadxs debido a la cuarentena. El gobierno promulga medidas destinadas a rescates ad hoc del sector privado a expensas de la población empobrecida, mientras que los intentos de introducir una renta básica global se descartan como una tontería. Se promulgan diversas reformas laborales en contra de los intereses de la clase obrera y tan pronto como ésta sale a protestar, el gobierno responde militarizando las calles y declarando el estado de emergencia con el argumento de que las multitudes provocan infecciones masivas. Sin embargo, al mismo tiempo, en el punto más álgido de los contagios, el mismo gobierno declara un día único sin IVA y pide a la población que vaya a las tiendas y consuma en masa, sin tener en cuenta el riesgo de infección y fomentando de paso un mayor endeudamiento en los hogares. En resumen, la pandemia ha puesto al descubierto la tragedia histórica del dogma neoliberal. ¡Pero la resistencia florece incluso y en especial dentro del autoritarismo! Hace un año en Chile el gobierno quería introducir nuevas reformas neoliberales. Esto dio lugar a una movilización de protestas sociales sin precedentes que culminó en la convocatoria a un referéndum en octubre de este año para poner fin a la constitución heredada de la dictadura de Pinochet. La organización popular se ha mantenido viva a pesar de la actual emergencia sanitaria, articulándose en espacios solidarios para afrontar la desastrosa respuesta neoliberal a la crisis.

También en Alemania hay impulsos positivos de resistencia por parte de la izquierda radical organizada contra las estrategias de gestión de crisis del capital, que se distancian de forma clara de las movilizaciones reaccionarias de quienes niegan el virus. Ejemplo de ello son las campañas a nivel nacional: “¡No a nuestras espaldas!”, “¡Que paguen lxs ricxs!” o “Proyectos sociales de estructuras autogestionadas”.

¡En memoria de nuestrxs compañerxs caídxs!
¡Nuestra resistencia contra la represión y la explotación!

Domingo, 10/01/2021 | 10h | Estación de metro: Frankfurter Tor (Friedrichshain)

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