Llamamiento al bloque antifascista internacionalista de la manifestación LL-2022

Llamamiento al bloque antifascista internacionalista de la manifestación LL-2022

Salimos juntas a la calle en el 103r aniversario del asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht por parte de Freikorps enviados por el gobierno reaccionario del SPD. Nuestras demandas: el cese de todas las guerras, la descolonización a escala mundial, el final de los procesos imperialistas y la supresión de los sistemas de explotación capitalistas. Consecuentemente apoyamos la lucha de clase y las huelgas en los centros laborales; la resistencia a la represión estatal contra la izquierda radical y personas marginalizadas; la articulación radical de alternativas en respuesta a la crisis de los estados capitalistas recientemente acentuada por la pandemia. Estos temas ya fueron puestos en relieve hace 103 años por las trabajadoras y camaradas que lucharon en la Revolución de Noviembre. Como ya apuntó Karl Liebknecht „¡El enemigo principal se encuentra en nuestra propia tierra!“. El hecho de que la mayoría reaccionaria de los socialdemócratas alemanes de principios del siglo XX se dejara seducir por la guerra y la causa nacional se debió, entre otras cosas, a la propaganda con carga racial contra la Rusia zarista autoritaria. La guerra imperialista apareció como un acto progresista a la luz de tal propaganda. No obstante, fueron las trabajadoras de todos los bandos las que fueron enviadas al frente a morir o a trabajar en la industria armamentística y a pasar hambre por los intereses de los militares, los dirigentes políticos y los capitalistas. Hoy se justifican de forma similar guerras imperialistas argumentando la protección de los derechos humanos o la „exportación de la democracia“, incluidas las misiones de la Bundeswehr en Afganistán y Mali.

La OTAN busca nuevas aventuras militares después de la derrota militar y la retirada de los ejércitos de ocupación occidentales del Hindu Kush. Así se incrementa la espiral de armamento y se afianza la doctrina dictada por los EUA: los estados miembros de la OTAN deben gastar el 2% de su presupuesto en la partida militar. Así, sin crítica por parte de la República federal de Alemania – incluido la nueva coalición del semáforo – se volverá a incrementar considerablemente el presupuesto de defensa alemán. Tal incremento va de la mano del apoyo del belicismo por parte de los medios de comunicación. Hoy sirven de excusa los refugiados para posicionar soldados fuertemente armados en las fronteras de la UE quien, junto a la OTAN, despotrica sobre la guerra híbrida de Bielorrusia. Parece obvio que el gobierno alemán, primera potencia europea, intenta empezar una nueva guerra fría: acepta que los gestos de amenaza y las recientes maniobras de la OTAN en las fronteras con Rusia hagan que Bielorrusia reactive sus arsenales nucleares, dados de baja hace 20 años. También era previsible que la oligarquía dominante en Bielorrusia iba a forzar el movimiento de refugiados a su frontera oeste como consecuencia de las sanciones impuestas por la UE. No hay que olvidar que son mayormente las políticas imperialistas de la UE y la OTAN (con sus operaciones bélicas en Afganistán, Malí y Siria) las que obligan a personas a emigrar a Europa Occidental. Además, se incentivan sanciones por parte de la UE – en su mayoría promovidas por Alemania – para impedir la reconstrucción de los territorios destruidos, como Siria.

Tal política exterior, antaño ejercida por los EUA en contra de los pueblos latinoamericanos, demuestra la realidad persistente colonial administrada por las grandes potencias. 60 años sufre el pueblo cubano la guerra económica, el terror y la manipulación mediática. Pero el imperialismo no ocurre sin contestación: en Palestina, Kurdistan, el Sahara occidental, Sudan, Kaschmir, Eelam Tamil, Chiapas, Colombia, Chile, las Filipinas y en muchos más desafían los revolucionarios la máquina de guerra capitalista. Valientes trabajadoras y personas marginalizadas siguen la misma lucha en la República federal Alemana, el corazón de la bestia imperialista.

Estamos convencidas de que Rosa Luxemburg, ferviente defensora de la huelga general política como medio de lucha revolucionaria, estaría hoy al lado de las trabajadoras en huelga. Las trabajadoras de Gorillas han demostrado de forma impresionante el poder de una huelga salvaje a pesar de la prohibición de tal herramienta en Alemania. Tal prohibición fue aprobada por la confederación sindical Alemana (DGB). En Alemania se define una asociación social de trabajadoras y capitalistas, siendo esta contraria a la idea de la huelga como herramienta política y a la autodeterminación de los consejos de trabajadoras. Las huelgas sólo están permitidas dentro de un estrecho marco legal y con el objetivo de ultimar convenios colectivos. No es de extrañar que las huelgas sean fuertemente atacadas, especialmente cuando afectan a la vida pública. La pandemia ha sido utilizada como excusa para intentar socavar el derecho de huelga, siendo el ejemplo más reciente la huelga del sindicato de maquinistas (GdL). En septiembre, el consejo de administración de Deutsche Bahn intentó prohibir la huelga de GdL utilizando una interpretación idiosincrásica de la normativa de emergencia del Covid-19. Esto es cínico, ya que gran parte de las medidas de protección contra la pandemia se encaminan a mantener la economía capitalista en marcha transportando a su vez las restricciones de contacto a la esfera privada. La idea se puede resumir así: los trabajadores no deben reunirse ni organizarse, sino apretarse en vagones abarrotados para realizar su trabajo asalariado. Sin embargo, el GdL logró imponerse con éxito. Las huelgas en las clínicas Vivantes de Berlín también pusieron de relieve que las trabajadoras sanitarias pueden organizarse con éxito e impulsar en parte sus demandas. Recordamos que estas trabajadoras tienen que soportar la carga de la pandemia en sus propios cuerpos a través de la sobrecarga total de trabajo en un sistema de salud privatizado y quebrado. Ni siquiera las difamaciones con falsas afirmaciones pseudo-moralistas de que las trabajadoras estaban abandonando a sus pacientes pudieron pararlas. Es obvio que la escasez de personal sanitario y como consecuencia una mala atención es causada por los recortes y la mala remuneración.

La pandemia del Covid-19 revela la profunda crisis del sistema capitalista como casi ningún otro acontecimiento de la historia reciente. Sin embargo, los grupos de izquierda apenas han logrado formular respuestas concretas más allá de la solidaridad con las luchas individuales y, al mismo tiempo, encontrar una posición coherente en la complejidad de aceptar las medidas de protección sanitarias a la vez que oponerse al Estado en su deriva autoritaria: lamentablemente, este vacío ha sido llenado por las fuerzas reaccionarias. Estas, al no formular una respuesta anticapitalista sino divagar en un individualismo neoliberal, evitan nombrar la causa real de la crisis y apuntan a un difuso „contra los de arriba“. Esta posición es aceptada con gratitud por el fascismo, cuya consecuencia pudo verse en el llamado asalto al Reichstag. También en otros ataques por parte de fascistas y activistas antivacunas, como el ataque a un edificio sindical en Roma durante el mes de octubre. Mientras que estos ataques fascistas son criticados levemente por los estados nacionales, los cuerpos de seguridad del estado y el sistema judicial actúan con extrema dureza contra los grupos antifascistas para sabotear nuestro derecho a la protesta, incluyendo la aplicación del artículo 129. La movilización nacional e internacional en apoyo a Lina E. y otras encausadas antifascistas demuestra que la solidaridad y la asociación militante posibilitan la construcción de una fuerza alternativa de izquierda. Una crítica con perspectiva de izquierda que se oponga a la administración gubernamental de la crisis capitalista debe ir de la mano de un antifascismo práctico que se oponga al intento de construir un frente conspirativo antisemita.

Mientras el Estado subvenciona a las empresas con miles de millones, las trabajadoras deben renunciar a parte de sus salarios o perder el total de sus ingresos. Esta dinámica se ve también a nivel mundial a través de la distribución desigual de la vacuna del Covid-19 y la no-liberalización de las patentes. Debemos utilizar los recientes éxitos de las luchas sociales colectivas, como la movilización masiva de la campaña de expropiación Deutsche Wohnen und Co. enteignen y del movimiento Black Lives Matter como puntos de partida para plantear demandas socialistas radicales. Como dijo Rosa Luxemburg poco antes de su muerte: „Vuestro ‚orden‘ está construido sobre la arena. Mañana la revolución ‚apuntará de nuevo hacia arriba‘ y anunciará para vuestro horror con el sonido de una trompeta: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!“ Estas palabras siguen vigentes hoy en día. Solo hay que llenarlas de vida y acción. La izquierda radical debe encontrar una respuesta revolucionaria para luchar contra la gestión de la pandemia a costa de las trabajadoras y las personas marginalizadas.

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